#Cuentiembre con la H - Enciende la luz

10 noviembre 2015

Hundiendo la cabeza en el hueco de sus brazos, Miranda se pregunta cuánto rato más va a pasar antes de que le entre el sueño. Está apoyada sobre su escritorio, blanco y perfectamente organizado, cuyos objetos están ordenados según su utilización. En una de las esquinas, un flexo con la tulipa apuntando hacia el techo ilumina la estancia. Alza la cabeza y observa la habitación: es todo tan blanco, tan perfecto... Las paredes están desnudas, impolutas, y sobre las ventanas hay unas cortinas grises y tupidas que impiden el paso de la -a esas horas, escasa- luz exterior. A su derecha está el armario, abierto y también blanco, dejando ver varias copias del mismo uniforme de colegio, además de otras camisas y varios pantalones de tonos claros. Apoya la cabeza sobre las manos y se enreda el pelo entre los dedos, preguntándose cuándo dejará de vestir de ese modo, cuándo adornará su habitación, cuándo habrá en ese cuarto un color que no sea blanco o gris. Suspira profundo y se deja caer sobre la cama, cubriéndose los ojos con el antebrazo. Ha de aceptar su realidad; ha de aceptar que, con unos padres como los suyos, no tiene nada que hacer: su vida siempre será del mismo color. De forma descuidada, apoya el brazo sobre la cama, abriendo los ojos; algo ha cambiado. Dirige la mirada al flexo, y en principio todo parece normal, pero hay algo en su visión que es ligeramente distinto. Mira a todos lados en su habitación y es cuando sus ojos pasan por encima de sus piernas que se da cuenta de lo que ocurre: Escala de grises. Está viéndolo todo en blanco y negro, como en las películas antiguas. Su respiración se acelera y se frota los ojos para asegurarse de que no ha sido cosa de un momento. Se mira los brazos, el abdomen, las piernas: nada es del color de su piel, todo se ve gris, blanquecino. Asustada, se acerca a la mesa y apaga la luz. Se tumba de nuevo, cierra los ojos con fuerza y empieza una cuenta atrás antes de volver a abrirlos, encender la luz y comprobar qué ocurre con su vista. Diez... Nueve... Ocho... Siete... Seis... Miranda se ha quedado dormida.

2 comentarios:

  1. ¡Hola, Aída! He tardado esta vez más porque tuve ayer un examen y estuve un poco alejada de ciertas distracciones. Me ha gustado mucho este relato, en primer lugar porque me recuerda al pasado de mi personaje Lady Miranda (aunque en realidad se llama de otra forma, ese es solo su nombre profesional), y en segundo lugar porque me gusta el enfoque que le has dado.

    Gracias por compartir, no me cansaré de decírtelo. Me encanta leerte <3

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    1. ¡ya decía yo! Espero que te haya salido super bien. Gracias a ti!

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