Lléveme a ninguna parte

04 enero 2016

El viento azota con fuerza la persiana contra la ventana, creando un continuo chirriar y un golpeteo intermitente en los cristales de mi habitación. Silba; su voz escuchándose al pasar por entre las ramas de los árboles, a veces como un rugido del león más fiero de la selva, otras veces como un lobo triste aullándole a la luna. Pasan los minutos y las horas y sigo en la misma posición, buscando algo con lo que distraerme o distrayéndome con algo que ni siquiera está, con la única compañía de ese viento a veces salvaje a veces apenado.

Y es que ya no me queda acompañante alguno si no son el viento y mis pensamientos, o la lluvia cuando se digna a aparecer. La vida se me escapó a doscientos por hora y se tiró por el acantilado de lo que fui, dejándome sin nada que ser, sin poder recrearme y evolucionar. Y estoy atrapado en ese pozo vacío, escondiéndome de todo y de todos como si fuese un niño atemorizado por lo que vendrá, porque le han dicho que la vida real es el Coco y que no hay escapatoria. Es mucho más sencillo huir, encerrarse en un caparazón y esperar que la vida pase sola, dejarse llevar día tras día sin que nada ocurra, sin que nadie la pare. Eso hice, dejé que mi vida corriese más rápido de lo que mis piernas podían aguantar, y la vida no se paró a esperarme sino que siguió su curso y me arrojó por el precipicio en el que ahora me encuentro. Sus paredes son tan altas y mis brazos tan débiles que apenas puedo comenzar a subir para intentar atrapar lo que se me escapó, y cada día me hundo más y más y las paredes crecen todavía más y me sumo en una profunda desesperación por no saber salir de ahí.

El vaivén del viento se cuela en mi espiral de agonía para traerme el sueño, y en mi subconsciente sigo atrapado en la inmensidad del acantilado. No solo las paredes crecen hacia arriba sino que se estrecha la distancia entre ellas con la amenaza implícita de aplastar cada hueso de mi cuerpo. Entonces, en un vistazo rápido hacia todas partes encuentro un pequeño hueco, la salida de esa prisión de piedra. Las paredes se acercan entre sí cada vez más rápido y sé que tengo que tomar una decisión: salir de ahí implica entrar al temido mundo real, pero no hacerlo implica alcanzar el punto de no retorno, donde lo que fui quedará grabado en piedra como lo que soy y lo que siempre seré. Cogiendo fuerzas de donde no las tengo, alcanzo el hueco segundos antes de ser aplastado y me veo a mí mismo arrojado en el centro de una inmensa y solitaria carretera.

El acantilado se derrumba detrás de mí, y la vida que dejé escapar hace tiempo se me presenta como un taxi amarillo y negro. El taxista abre la puerta y me pregunta mi destino, pero ni yo mismo sé cuál es ni tampoco quiero saberlo. Es el momento de dejar que todo desaparezca, de hacer borrón y cuenta nueva, de dejar que me perdonen y, sobre todo, de perdonarme a mí mismo. No voy a seguir corriendo detrás de mi vida; voy a ir sentado a su lado sin que ninguno de los dos decida el rumbo, simplemente dejando que todo fluya pero, esta vez, siendo consciente del trayecto. Ha llegado la hora de vivir.

- Arranque y no pregunte; solo lléveme a ninguna parte.


Inspirado en la canción de Estopa del mismo nombre

6 comentarios:

  1. Me dio un poco de claustrofobia leer este texto. Es angustioso que el protagonista casi no pueda escapar de sí mismo y que apenas vislumbre un punto de luz por donde poder colarse para enfrentar al mundo; enfrentamiento que le significará otro dilema angustioso. Por eso prefiere enfrentarlo a ojos cerrados, y que venga lo que venga, que sea lo que sea (Me acordé de la canción "sea" de Jorge Drexler).

    Saludos.

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    1. Muy buen análisis. La intención era crear ese tipo de sentimiento claustrofóbico o de agobio en el lector para que pueda meterse de lleno en el personaje. Me alegra haberlo conseguido, al menos en ti jeje
      Buscaré la canción y muchísimas gracias por tu comentario :)

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  2. Curioso, a mí no me produce ninguna clautrofobia. Para mí es algo parecido a la nostalgia y más tarde una sensación de alivio. Será porque me gustan las tardes lluviosas y con algo de viento.

    Un saludo.

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    1. ¡Al menos te ha producido algo, que es lo que cuenta! Jajaja muchas gracias por comentarme :)

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  3. Este hermoso relato me invita a recordar momentos críticos en que he pensado "ya no hay vuelta atrás; es ahora o nunca".

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    1. En esa misma encrucijada estaba el protagonista.
      Muchas gracias por tu comentario :)

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